José Hernández Castillo, nacido el 17 de diciembre de 1926, es un testigo viviente de la historia del futbol mundial. A sus 99 años, se vuelve a poner la camiseta verde de la Selección Mexicana con la naturalidad de quien ha acompañado casi un siglo de este deporte.
Mientras el Mundial de 2026 reúne a millones frente a las pantallas, don José observa el torneo con una perspectiva única: ha vivido todas las Copas del Mundo celebradas desde el primero en Uruguay en 1930, salvo las ediciones de 1942 y 1946, suspendidas por la Segunda Guerra Mundial.
Durante esos años de conflicto, Hernández Castillo sirvió como sargento en la 24 Zona Militar en Cuernavaca, Morelos, donde el futbol era un alivio para la tensión del momento. “Jugábamos futbol en el cuartel”, recuerda con nostalgia.
Además de su pasión por los mundiales, don José participó en la organización de los Juegos Olímpicos de 1968 en México, donde también se involucró en la logística y vivió de cerca la ceremonia olímpica y el encendido del pebetero, eventos que marcaron un momento histórico para el país tras la tragedia del 2 de octubre.
En Tlaxcala, donde reside, quedan pocos testigos de aquella época; junto a él está Luis Sastré, quien cumplirá 100 años el próximo 20 de junio.
Entre sus recuerdos destaca la figura de Alejandro López Rodríguez, conocido como El Huamantla, considerado por don José como el mejor futbolista que ha tenido Huamantla. López brilló en la década de los cincuenta con el Club Puebla, institución fundada en 1944 para competir en la Primera División mexicana. En 2024, se le rindió un homenaje que don José recuerda con orgullo.
Don José es también un cronista del futbol, guardando estampas, almanaques, programas y una maqueta del Estadio Azteca, que en 1970 se denominó Estadio Ciudad de México. Habla con entusiasmo del presente y de jóvenes promesas como Gilberto Mora, de 17 años, a quien ve como una esperanza para que México avance en el Mundial.
Sus nietos han tenido la oportunidad de asistir a partidos de esta Copa del Mundo, mientras él sigue el torneo desde casa, orgulloso de la historia que ha vivido y de la pasión que mantiene intacta.
Así, José Hernández Castillo no es solo un aficionado más; es un testigo privilegiado de casi un siglo de futbol moderno, que ha visto nacer y crecer este deporte en México y el mundo.









