La final del Mundial disputada el pasado domingo dejó no solo la histórica segunda estrella para España, sino también un lamentable episodio de conducta por parte de algunos jugadores argentinos. Durante los 120 minutos de juego, Argentina mostró un estilo de partido basado en la presión constante y la generación de caos, lo que incluyó intentos de influir en las decisiones arbitrales, como la solicitud de revisión del VAR por parte de Lionel Messi tras la expulsión de Enzo Fernández.
Al concluir el encuentro, con el pitazo final de Vincic, varios integrantes de la selección albiceleste exhibieron una actitud antideportiva hacia los jugadores españoles, quienes celebraban el título. Nahuel Molina fue el primero en confrontar a Rodri, a quien amenazó tras un reproche por un golpe durante la celebración. Posteriormente, Nicolás Otamendi también mostró una actitud hostil al reprochar a Rodri y a Laporte por supuestas quejas hacia los árbitros durante la semana previa a la final.
El momento más grave ocurrió cuando Leandro Paredes agredió físicamente a Eric García con una zancadilla y un puñetazo, seguido por una llave de judo en complicidad con Thiago Almada contra Gavi, quien intervino para defender a su compañero. La situación requirió la intervención del entrenador argentino Lionel Scaloni y su cuerpo técnico para separar a los involucrados. Sin embargo, la tensión continuó con otros asistentes, como Walter Samuel y el exjugador Ratón Ayala, quienes también protagonizaron empujones e insultos, incluso hacia Dani Olmo.
Durante la ceremonia de entrega de la copa, los jugadores y cuerpo técnico argentinos permanecieron de espaldas al momento en que España recibía el trofeo, alegando estar atentos a su afición, pero esta actitud fue interpretada como una falta de respeto hacia el rival. En contraste, la selección española, dirigida por José De la Fuente, mostró respeto al hacer el pasillo a Argentina como subcampeón y Sergio Ramos tuvo un gesto de consuelo con Messi, quien no pudo contener las lágrimas.
Finalmente, ningún jugador argentino acudió a la zona mixta para atender a la prensa, salvo Scaloni, quien expresó su tristeza por no haber logrado la cuarta estrella para su país y dejó en duda su continuidad al frente del equipo, a pesar de tener contrato vigente hasta 2030.
Este episodio pone en evidencia la importancia de mantener la deportividad y el respeto en el deporte, valores que España demostró durante todo el torneo y que contribuyen a la imagen positiva del fútbol internacional.









