El miércoles 24 de junio de 2026, Venezuela fue sacudida por dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5, que tuvieron su origen en la fricción entre las placas tectónicas del Caribe y Sudamérica, específicamente en la red de fallas de Boconó, San Sebastián y El Pilar.
Estas fallas, especialmente la de Boconó, son consideradas de las más activas y peligrosas del país, debido al movimiento lateral de las placas que genera una acumulación significativa de tensión sísmica.
El estado costero de La Guaira, ubicado a unos 30 kilómetros de Caracas y conocido hasta 2019 como estado Vargas, fue declarado zona de desastre tras el impacto de los sismos. Esta región, que es la principal puerta de entrada a Venezuela y un balneario muy concurrido por los caraqueños, sufrió daños severos. Más de 100 edificios colapsaron, según informó la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
La presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, confirmó que hasta el momento se contabilizan 164 fallecidos y cerca de 970 heridos, aunque advirtió que estas cifras podrían aumentar, especialmente en La Guaira, donde la magnitud del desastre aún no se ha determinado con precisión.
En respuesta a la emergencia, Rodríguez autorizó el despliegue de todos los equipos urbanos de búsqueda y rescate de la ONU para apoyar las labores en el país. Los equipos internacionales se concentran en La Guaira y Caracas, mientras que Protección Civil y grupos locales atienden el resto del territorio venezolano.
La tragedia en La Guaira rememora el desastre natural ocurrido en 1999, conocido como la “tragedia de Vargas”, cuando lluvias intensas provocaron inundaciones y aludes que dejaron miles de muertos y daños estructurales irreparables. A casi tres décadas de aquel evento, la región vuelve a enfrentar un duro golpe con el derrumbe de hoteles, edificios y viviendas tras los recientes temblores.
Las labores de búsqueda de sobrevivientes continúan, mientras las autoridades y organismos internacionales coordinan esfuerzos para atender a los afectados y evaluar los daños en esta zona que, una vez más, enfrenta una crisis humanitaria de gran magnitud.









